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Gabriel es una persona única y extraordinaria. Como él, sólo 50 personas entre los 7 mil millones de almas que habitamos la tierra. Contador y estudiante de derecho, es un hombre que ama profundamente sus manos.

¿Cuántas cosas hacemos gracias a nuestras manos? Escribir, tomar una taza de café, hacer una caricia en la mejilla de nuestros seres queridos… Las manos son mucho más que herramientas, son un medio para sentir. Y Gabriel siente por dos personas.

Un penoso accidente le arrancó las manos a Gabriel hace 3 años. Fue rápido y destructivo. Una mañana en que visitaba una de sus casas donde quería que se levantara una barda, tomó un pedazo de varilla del suelo. En ese instante, la humedad en el aire condujo 20 mil voltios de energía eléctrica que brincaron de los cables, alcanzando la varilla que sostenía con ambas manos. En menos de 2 segundos, sus tejidos musculares y sus huesos estaban casi calcinados. Días después sus manos murieron.

Tras la amputación y una dura, difícil y larga búsqueda por unas manos compatibles, Gabriel recibió dos extremidades superiores de un vigilante quien, tras ser baleado en la cabeza por unos delincuentes, cayó en muerte cerebral. La madre de este héroe anónimo cuenta que, días antes del incidente, sin saber lo que le deparaba, su hijo le dijo “quiero hacer algo grande”. Y lo hizo. En nuestro país, más de 17 mil personas esperan algún tipo de órgano cuyo trasplante les dé una esperanza de vida. Hoy para Gabriel pequeños detalles como abotonarse la camisa, anudarse las agujetas o abrir la llave de la regadera representan retos de vida que a veces le desaniman. Sin embargo, sabe lo afortunado que es tras haber sido exitosamente trasplantado y que su cuerpo no rechazó los miembros.

“No puedo dejarme vencer, ¿no? Somos dos. Una parte de él está viviendo aquí, conmigo. Sería como dejarlo morir otra vez”. Apenas dos semanas después de su accidente, Gabriel entró a la UNAM a estudiar Derecho. No tener manos, nunca representó una limitante ni un impedimento. “Juntaba yo mis muñoncitos y apretaba duro la pluma”… Actualmente está por terminar sus estudios, trabaja en el Tribunal Fiscal del Distrito Federal y asiste diariamente por 6 horas a terapia para recuperar la movilidad de sus dedos.

Cada mano se compone de 28 músculos, 27 huesos, 3 nervios principales, 2 arterias y 3 venas principales más tendones, cartílagos, grasa, vasos sanguíneos y piel. Lograr reubicar todo este conjunto y que sea compatible con el cuerpo de un extraño, es casi un milagro. Y tratándose de dos manos, lo es.

¿Cuántas veces te has dejado llevar por la superficialidad de la apariencia física?, ¿Qué harías tú sin tus manos? Sirva este caso para apreciar la perfección de nuestro cuerpo y saber que tenemos todo lo que necesitamos para salir adelante y enfrentar cualquier situación. “La vida te enseña muchas cosas. A mí me enseñó a no rendirme”. Gabriel Granados.

*Texto inspirado en el Premio SIP de Excelencia Periodística 2014 ganado por Carlos Acuña en la categoría de Crónica

Myrna Morales
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Myrna Morales

Maestra en Mercadotecnia, docente de posgrado en diferentes universidades, triatleta y aficionada a la ecología y la lectura.
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