Gustavo Rosas

Distracciones

“Concéntrate”, me repito y me repito esta palabra porque me distraigo con facilidad, reviso el correo, miro incesantemente el teléfono, atiendo llamadas aunque el número no está identificado “por si acaso”…

 

Estas líneas son un gran ejemplo de mi distracción, las empecé a escribir hace exactamente una semana y “ahora sí” me voy a concentrar para terminarlas.   En fin.  Justo esta semana platicaba de esto con un amigo de la infancia, José Adrián, el buen uso de nuestro tiempo es una preocupación general.

 

Leí hace algunos días que tratar de hacer varias cosas a la vez no es señal de alta capacidad (como se supone normalmente) sino de falta de capacidad para concentrarse.

 

Drucker escribió hace casi 50 años que los trabajadores mentales deberíamos manejar correctamente nuestro tiempo porque nos es “robado” sin cesar.

 

Mi experiencia es que la mayor parte de las veces entregamos el tiempo a las distracciones porque estar “muy atareados” satisface temporalmente nuestra necesidad de sentir que trabajamos, nos cansamos de haber estado tan “ocupados”, pero al final del día seguimos teniendo muchos pendientes. Algo está mal.

 

Esperamos hasta que la urgencia nos revela lo que realmente es, o era, importante.

 

Llega el día en que no hay “mañana”, el día en que es necesario dejar todo y concentrarse en lo que no tiene más plazo. Por cierto, algunos plazos reales y otros plazos “caprichosos” que son otro tipo de distracción.

 

Sin embargo no todo se puede dejar para mañana o para el fin del plazo, me refiero a lo que nos hace vivir, a la familia, a los amigos, a la salud, y sin embargo lo dejamos para “más tarde”. Por eso dice el Dalai Lama que el hombre actual gasta la vida para ganar dinero y luego gasta el dinero para tratar de recuperar la vida… esfuerzo inútil.

 

En un anuncio comercial de Mercedes Benz, llamado “1440 minutos” se hace una reflexión muy importante sobre la riqueza que se nos concede cada día y que no usamos sabiamente, a mí me hizo pensar. Te dejo el link al final de este artículo para que puedas verlo.

 

Priorizar, anotar, hacer listas, usar agendas o ‘software’ no basta.

 

No es el método ni la técnica, no es usar la herramienta más moderna, no se trata de tener buena intención… Se trata de ser conscientes de lo que es realmente importante y no entregar el tiempo a lo demás.

 

Según la Oficina de Estadísticas del Banco Mundial, con base en un estudio de la población en Estados Unidos, suponiendo un promedio de vida de 78 años, así es como está distribuido el tiempo promedio de la vida de una persona:

 

28.3 años durmiendo (la tercera parte)
10.5 años trabajando (aunque sea “haciendo como que trabajamos”)
9 años viendo televisión, en redes sociales y video juegos
6 años en faenas del hogar
4 años comiendo
3.5 años estudiando
2.5 años en el baño
1.5 años criando a los hijos
1.3 años transportándonos
9 años en lo que nosotros mismos decidimos o en “quién sabe qué”.

 

El tiempo es el material del que está hecha la vida, dijo Franklin, se nos entrega a todos por igual.  La diferencia está en cómo lo usamos.

¿Cómo queremos usar nuestro tiempo? ¿Cómo queremos que pase la vida?

Que no pase la vida mientras nos encontramos distraídos.

Gustavo Rosas Goiz
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