“¿Que la gente que lo ha elegido usted para un alto cargo
se queja de que no se siente suficientemente segura?
Pues contrate/designa a más guardias de seguridad
y otórgueles mayor libertad para actuar cuando
juzgue necesario”.

– Zygmunt Bauman

 

¡La inseguridad pública fomenta las remesas! Es una afirmación contundente, pero pareciera que así sucede. Muchas de las razones por las cuales las personas salen de sus ciudades y poblaciones se deben a que existe inseguridad para poder, por lo menos, mantenerse vivo. Los asaltos, robos y secuestros son muestra de dicha inseguridad, y la exigencia de la ciudadanía es que mejoren las medidas para atender ese problema; sin embargo, valdría la pena preguntarse si con las políticas públicas actuales en realidad se está llevando a cabo el combate a la inseguridad pública o si solamente se trata de una forma de contenerla, pues son dos caminos diversos y antagónicos: o se combate o se contiene la inseguridad pública. Si es lo primero, entonces se debe considerar por el Estado en las políticas públicas fomentar la esperanza de vida de los gobernados, evitar el futuro incierto y brindar credibilidad en las instituciones del Estado; en resumen, respetar la autonomía de las personas, para lo cual se requiere de brindar derechos de libertad y de igualdad a los ciudadanos. Si lo que se busca es simplemente contener la inseguridad pública, entonces lo que se requiere de las políticas públicas del Estado es fomentar más policías, cámaras de vigilancia, leyes represoras y restricciones en los derechos de las personas; por ende, son contrarios la contención con el combate a la inseguridad pública.

Tal parece que lo que se está haciendo actualmente no únicamente en México, sino mundialmente, es simplemente contener la inseguridad, pero el problema en ello es fomentarla, pues se puede sostener que “a mayores policías y vigilancia, mayor inseguridad”, por lo que la población se ve cada día más afectada en el desarrollo de su vida común; ya ni pensar en planear la vida, sino simplemente basta con preocuparse por mantenerse sin peligro alguno cada día que se vive. Por ello, en muchos lugares, ante la ausencia total de esperanza de vida, la inseguridad desbordada y la falta de oportunidad de subsistencia, se opta por la migración y los desplazamientos a otras tierras que por lo menos den una ligera esperanza para sobrevivir.

Cita respecto al problema de la migración el profesor polaco Zygmunt Bauman: “En un futuro predecible, la inmigración internacional no alcanza el equilibrio: hemos asistido a los comienzos de un desequilibrio de proporciones épicas de personas que buscan refugiarse de la brutalidad de las guerras y los despotismos, o del salvajismo de una existencia hambrienta y sin futuro, llamando a las puertas de otras personas” (Bauman, Zygmunt, “Extraños llamando a la puerta”, Paidós, España, 2016). Pues bien, respecto a ese mal generalizado, debido a la inseguridad pública es que en muchas regiones del mundo aumentan la migración y el desplazamiento de poblaciones, y habiendo dos caminos para atender el problema de la inseguridad, que son la contención y el combate, surge la pregunta: ¿Por qué las políticas públicas van encaminadas al simple combate a la inseguridad pública? Si se observa desde un sentido meramente económico, es contundente que la inseguridad pública, al provocar la migración, representa que todos los migrantes vean la forma de que los pocos recursos que obtienen por el trabajo que desempeñan lo envíen a sus familiares que se quedaron en esas tierras de origen, es decir, las famosas remesas, que, según las últimas estadísticas del mes de mayo de 2017, es el mayor monto de dinero que llega a México; en segundo término quedan los ingresos petroleros, los del sector turístico y el de la industria de auto-partes automotrices. Por ello, resultan de vital importancia estas remesas para la nación, pero más aún porque es lo único que llega precisamente a las clases más necesitadas ya que en todos los demás rubros los recursos llegan centralizados; en el caso de los ingresos petroleros, a Pemex —en tanto no desaparezcan a esta institución—; en la industria de turismo, es evidente que las grandes cadenas hoteleras son propiedad de extranjeros. Lo mismo sucede con la industria automotriz: podríamos decir que en estos dos casos llegan los recursos para, en un determinado porcentaje, retornar nuevamente al extranjero, pero las remesas llegan para quedarse, primero se focalizan en las clases sociales más necesitadas, en las poblaciones mas alejadas, y es ese dinero el que impulsa en menor o mayor medida la actividad económica en esas poblaciones, pues estos recursos no se reciben para invertirse en la mayoría de los casos, sino que se sitúan para dar solución a los problemas de mera subsistencia, por eso las remesas son fundamentales, pues allí donde no llegan los apoyos del campo —cada vez más raquíticos—, donde no llegan subsidios sociales —cada vez más corrompidos—, llegan las remesas y se incrementan al aumentar el número de habitantes que hacen la travesía de migrar a otras tierras. Por ello, todo hace suponer que la inseguridad pública fomenta las remesas, y de aquí basta solamente con contenerla y no combatirla.

Silvino Vergara Nava

Silvino Vergara Nava

Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana, y la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Litigante en materia fiscal y administrativa. Profesor de Maestría en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Escuela Libre de Derecho de Puebla.
Silvino Vergara Nava

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