“Tu futuro, el futuro de tus hijos, se decide en otros
lugares diferentes, lugares que ni conoces
y de los que ni siquiera has oído hablar”.

– Zygmunt Bauman

Son los contratos de adhesión aquellos en los que una de las partes simplemente acepta las condiciones establecidas por la otra de las partes (Sánchez Medel, Ramón, “De los contratos civiles”. Porrúa, México), es decir, sin opción alguna de negociación o modificación al clausulado, son aceptados normalmente por la parte mas débil y elaborados, desde luego, por la parte mas fuerte, como suele pasar en el caso del consumidor, que fueron realizados unilateralmente por la parte vendedora o prestadora de los servicios. Ejemplos existen muchos y cada día son más aquellos tipos de contrato en donde es evidente una desigualdad material, económica y jurídica que se presenta entre la parte compradora y la parte vendedora; por ello, se han implementado, para evitar contratos y acuerdos desventajosos, instituciones como la Procuraduría Federal de Protección al Consumidor, en México, que pretende defender los derechos del más débil, en este caso, del consumidor ante el proveedor de bienes o servicios.

Así como se cuenta con esos derechos de consumidor y de instituciones que procuran tutelar sus derechos, en el marco internacional, desde luego, hacen falta ese tipo de instituciones ante los acuerdos y tratados que se firman entre los Estados-Nación, pues la mayoría de las veces existen Estados muy aventajados sobre otros que son extremadamente débiles, y un ejemplo palpable de ello son los acuerdos que se están realizando para un nuevo tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN), que partió desde que uno de los Estados —el más aventajado— consideró renegociar el tratado que entró en vigor en 1994, por resultarle insuficiente, inapropiado e ineficaz para sus intereses. En estos días del mes de agosto de 2017, que serán históricos para México, se están realizando las negociaciones de ese nuevo TLCAN, y es sorprendente que dentro de la población mexicana exista una gran pasividad respecto a dichos acuerdos que contendrán decisiones que son fundamentales para el futuro del país. Es indudable que estamos más preocupados por el día a día que por las condiciones de ese acuerdo comercial cuyos rubros son totalmente desconocidos; por ello, el profesor inglés Richard Rorty sostiene respecto a estos eventos tan delicados para el futuro de una nación: “Mientras el proletariado está distraído de su propia desesperación con acontecimientos ficticios creados por los medios de comunicación, los súper ricos no tienen nada que temer” (Rorty, Richard, “Filosofía y futuro”, Gedisa, Barcelona, 2008).

Es evidente que estos acuerdos, así como aquellos del comerciante, hotelero, supermercado, farmacia, etc., se encuentran en superioridad con el consumidor. En el caso de este acuerdo, nos encontramos en las mismas condiciones. En realidad, el riesgo que se corre es que se trate de un simple acuerdo para firmar un TLCAN de adhesión, en donde el clausulado y las condiciones sean puestas por el más fuerte sobre el más débil, que en este caso es México.

Diversos académicos han sostenido que los tratados de libre comercio en realidad son simples tratados financieros que de comercio no tienen mucho; al respecto sostiene el profesor norteamericano N. Chomsky: “Ford Motor company fabrica algunas partes aquí, y las envía a una planta industrial en México, donde los trabajadores ganan mucho menos y la empresa no tiene que preocuparse por los controles ambientales, los sindicatos y todas esas tonterías. Después, vuelven a enviar el producto terminado a Estados Unidos… Los productos nunca ingresan en el mercado mexicano, así que no se trata de exportaciones en un sentido cabal. A eso se lo denomina «comercio»… no tendrían que llamarse «tratados de libre comercio» sino «tratados de derechos de los inversores»” (Chomsky, Noam, “Cómo funciona el mundo”, Katz. Argentina, 2013). Pues bien, hoy estamos históricamente ante la presencia de nuevos “acuerdos” que están sumamente alejados de la población, para llegar a otro tratado comercial con Estados Unidos de América, que bien parecieran de adhesión, ya que esos vetustos conceptos de democracia o soberanía se quedaron en la Modernidad, y hoy viviendo la posmodernidad globalizada las cosas son diferentes, cita al respecto Benjamín Barber: “La soberanía, la virtud del Estado-nación moderno, empieza a aparecer como la futura víctima de la globalización y de su poder intimidatorio… Los Estados-nación no pueden afrontar los desafíos de un mundo interdependiente que ignora las fronteras. Y ni siquiera saben forjar instituciones transnacionales capaces de hacerlo”

(Bauman, Zygmunt, “Babel. Conversaciones con Ezio Mauro”. Trotta, Madrid, 2017). De esta forma, contaremos muy pronto con un nuevo tratado comercial que, más que de adhesión, es de lealtad.

Silvino Vergara Nava

Silvino Vergara Nava

Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana, y la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Litigante en materia fiscal y administrativa. Profesor de Maestría en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Escuela Libre de Derecho de Puebla.
Silvino Vergara Nava

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