“…tendemos a temer el futuro tras haber perdido confianza
en nuestra capacidad colectiva para mitigar sus excesos,
para hacerlo más aterrador y repelente”.
– Zygmunt Bauman

En estas fechas históricas de agosto-septiembre de 2017, en donde se está poniendo a debate una serie de nuevos acuerdos para un Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) actualizado, el gobierno de Estados Unidos de América ha amenazado con abandonar esas mesas de trabajo y, de paso, el propio TLCAN, que inició su vigencia en 1994, apelando a una serie de pretextos formales que de fondo no se pone en los medios de comunicación y que tampoco llegan a la opinión pública como para conocer plenamente las razones de esa posición de salida y lo que está sucediendo en esas reuniones, los temas que se discuten, los desacuerdos, etc. Ante la ausencia de esa información, da la impresión de que tal postura es evidentemente mediática pues, con la finalidad de inyectar a la población la sensación de que se corre un riesgo latente de la continuidad del TLCAN y de las consecuencias que puede causar la retirada, se está provocando la sensación de incertidumbre por parte de los gobiernos de los estados que actualmente gobiernan a su población. Todo parece indicar que, al final del camino, cuando sea políticamente oportuno se sostendrá ante los propios medios de comunicación la continuidad de las mesas de trabajo para ese nuevo TLCAN por parte de EUA; por ende, en ese momento la sensación para los ciudadanos será de certidumbre, de credibilidad, de buena noticia, de felicidad, con lo cual se legitimará la renegociación del TLCAN, pues no debe perderse de vista que el pueblo norteamericano ha visto con malos ojos el tratado, ya que el propio titular del gobierno de aquel país aprovechó esa imagen para ganar las elecciones al poner en evidencia que gracias a dicho tratado se perdieron empleos en EUA.

Por otra parte, para nosotros los mexicanos es evidente que el TLCAN, en principio, durante las mesas de trabajo para conformarlo, en la década de los noventa, fue muy debatido por la opinión pública, a grado tal que tuvo consecuencias como que en los libros de texto de historia para primaria hubo un “olvido institucional” sobre la gloriosa defensa de los niños héroes de Chapultepec, y para la Secretaría de Educación de ese tiempo se trató de una simple leyenda; en ese mismo tiempo, fue la necesaria creación de la Comisión Nacional de Derecho Humanos, y también la sepultura del desarrollo de la incipiente tecnología y ciencia mexicanas, así como la involución del empresariado mexicano, que se convirtió en simple maquilador, en un principio, de la industria textil y, ahora, de la industria automotriz. La creación de empleos meramente operativos que el sociólogo Z. Bauman denomina “macdonalizados”, que es aquella labor sencilla de operación, capacitación y excesivamente temporal que provocó la abolición de la industria agrícola, ganadera y pesquera del territorio nacional; también cambió el pensamiento de la ciudadanía, bajo la idea de que el mejor producto es el de exportación, es decir, el que debe salir de territorio nacional para su consumo, y no el producto que se queda para consumir por el que lo elaboró o trabajó; también hubo un cambio a una educación meramente operativa y técnica que no requiere de materias como civismo, lógica o filosofía en la formación elemental y oficial, pues no necesitamos trabajadores que piensen, sino simplemente que operen. En resumen, se americanizó la cultura mexicana, o como lo sostuvieron los japoneses cuando entraron después de la Segunda Guerra Mundial al mundo del Estado liberal occidental, se “occidentoxico” nuestra cultura nacional.

Es evidente que al que menos le conviene abandonar el TLCAN y las mesas improvisadas para su actualización es a EUA, ya ha sostenido el profesor N. Chomsky que en realidad no se trata propiamente de un acuerdo de libre comercio, sino de un acuerdo financiero, pues a quienes beneficia únicamente es a las empresas de aquel país, que instalan sus naves industriales en México aprovechando los costos en este país, la flexibilidad en las regulaciones ambientales, los beneficios fiscales para las empresas extranjeras y, sobre todo, la ausencia de efectividad de los derechos laborales, además de que la parte del proceso más operativa, es decir, en donde se requiere de mayor mano de obra, le corresponde al empresariado mexicano para que estos sean los que absorban esas cargas económicas. En resumen, el mismo profesor N. Chomsky ha sostenido, respecto a lo que ha perjudicado a nuestro país, el TLCAN, que: “El régimen de ‘libre comercio’ aleja a México de la autosuficiencia alimentaria y lo lleva a depender de las exportaciones norteamericanas” (Chomsky, Noam, “Crear el futuro”, Siglo XXI, México, 2012). Indudablemente, abandonar los acuerdos del TLCAN por parte de EUA es mediático pues hacerlo aplicaría un suicidio para su propia economía, es decir, el “tlcancidio”.

Silvino Vergara Nava

Silvino Vergara Nava

Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana, y la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Litigante en materia fiscal y administrativa. Profesor de Maestría en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Escuela Libre de Derecho de Puebla.
Silvino Vergara Nava

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