Gustavo Rosas

45 años

Un día naces. Ahí, justo en un punto entre dos eternidades empieza a escribirse una historia única: subidas y bajadas, pruebas y errores, te cuidan y cuidas, aprendes y tratas de olvidar, te equivocas y aciertas. Nada en la vida es constante, a excepción del amor incondicional de ciertas personas que te rodean, ellos no necesitan que llegues a ser quien debes ser para quererte, simplemente te quieren así, y no entiendes que pueda ser tan simple que te quieran cuando eres tan complicado…

No es fácil la relación con la gente cercana, no la he hecho fácil, reconozco que me he equivocado mucho al expresar mi amor y al entenderlos, al intentar cuidarlos, al aparentar ser fuerte para que se sientan seguros a mi lado, no he sido fácil de descifrar ni he sido siempre afectuoso, pero otra constante en mi vida es que siempre los he querido, los amo así con mis páginas mal escritas y llenas de enmendaduras, los amo a pesar de que no he completado mi proceso, los amo con un amor que ya es perfecto de origen porque en ese amor sencillamente soy un conducto del Padre que se empeña en escoger a los pequeños.

Un día nacemos por que Dios sopla sobre el barro que amasan nuestros padres, nada tenemos que ver con ese don, nos lo regalan sin merecerlo, pasan muchos años antes de entender que no nacemos para morir cada día sino para vivir, para renacer, para revivir, para ayudar a vivir, para hacernos responsables por nuestra vida. Pasan muchos años de viajar a todo galope, creyendo que el rumbo está decidido hasta que vemos las riendas de la propia vida en las manos y te haces consciente de que vas a donde quieres ir, de que no puedes culpar.

En la carrera crees que vivir se trata de llegar antes, de llegar rápidamente, de no perder tiempo… mientras pierdes la vida.

Una vez más el amor incondicional a tu alrededor te pide bajar la velocidad, te pide que disfrutes el viaje para que no sean figuras sin forma, que pasan rápidamente, todas las bellezas colocadas a lo largo del camino que se te obsequian en forma de sonrisas sinceras, de momentos sencillos, de gratas compañías, de abrazos furtivos, de besos enamorados, de ratos de calma, de días tibios y de noches estrelladas, de palabras tiernas, de lecciones de bicicleta, de oportunidades, de lágrimas sinceras, de infancias y de juventudes, de perdón, de trabajo arduo y aleccionador, de tazas de café, de quesadillas con leche, de sábanas limpias, de bromas y de juegos, de vida…

No se qué me depara el camino, pero en este momento mi corazón agradecido se hace consciente de que no he viajado nunca solo, de que nada he logrado sin apoyo, de que mi fuerza es realmente la fuerza de los que me aman. En este día caigo de rodillas y agradezco los dones inmerecidos del amor y de la amistad. Improvisando he llegado a este paraje en el que cada luz que se refracta en mis agradecidas lágrimas es una estrella y cada persona que me quiere es un ángel de la guarda.

Aquí estoy, 45 años después de haber nacido y pidiendo con el alma por todos los que me quieren, por todos a los que quiero, por los que me precedieron y por los que vienen. Aquí estoy, esperanzado y dispuesto, agradecido por la vida, enamorado, sentimental, entusiasmado y bendecido.

Gracias, muchas gracias.

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Lo mío es contar, por eso cuento lo que se cuenta.
Lo que sé: cuenta.
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