Gustavo Rosas

Quédate con el cambio

¿Qué hicimos mal? ¿Quién tiene la culpa de lo que cambió? ¿Cómo podemos dejar las cosas tal y como estaban?

Culparse debilita. Conducir viendo hacia el espejo retrovisor es muy peligroso. Trabajar sobre el círculo de preocupación es como estar sobre una silla mecedora, te mueves pero no avanzas.

Les comparto que yo vivo una etapa personal en la que con reforma fiscal o sin reforma fiscal tengo que decidir y actuar sobre mi vida, sobre mi conducta, sobre mis hábitos y sobre un futuro en el que los surcos se me tuercen.

La vida avanza a pesar de mi. No puedo aferrarme a lo que ya ha cambiado. Les platico sobre mí porque he escuchado que lo más íntimo es lo más común, por eso esto que les digo supongo que no debe sonarles ajeno.

El cambio ocurre a pesar de mí, a pesar de nosotros, esta es una verdad de esas a las que Bucay les llama “Verdades Montaña”. Lo que es, es, dice Bucay. No es lo que yo quiero que sea. No es lo que tu quieres que sea. No es lo que quiera el colectivo que sea. Lo que es, es.

Suena simplón y hasta absurdo pero bien pensado es algo que pasamos por alto, precisamente de esa inconsciencia se derivan gran parte de los conflictos emocionales y de relación. Los grandes problemas provienen de que no se comprende que las organizaciones cambian, el hijo crece, el esposo envejece, la esposa… Rejuvenece. Lo que es, es.

Cuando hemos vivido mucho tiempo con circunstancias casi idénticas nos empezamos a acomodar. El “monstruo de la comodidad” que todo lo devora, como dice Ale Dietner.

Así como en las relaciones de pareja el mayor enemigo es la rutina, también en nuestra vida diaria el mayor enemigo es la rutina, lo que no cambia, lo que nos hace sentir cómodos, lo que se hace igual siempre: la rutina es la ventaja del asaltante, es la razón de la falsa sensación de seguridad, es el espejismo del bienestar eterno, de la salud infinita, es la apariencia de sabiduría porque creemos que dominar la rutina es ser iluminados.

La rutina es inmovilidad, esa inmovilidad personal aparenta calma, pero todo lo que no fluye se pudre, alrededor y en el interior todo sigue cambiando, todo se mueve.

Cuando no se ha hecho algo durante mucho tiempo, se pierde la condición para hacerlo, esto es cierto tanto en lo físico como en lo emocional. Tan cierto como que al corazón sólo se le ejercita por las piernas es que a la voluntad sólo se le ejercita superando retos. No hay más. Lo que es, es. Si te dejas de mover el corazón se debilita, pierdes condición física, si te quedas en tu zona de confort se va perdiendo carácter, por cierto no hablo de agresividad sino de voluntad y determinación, el verdadero carácter.

Y mientras estamos concentrados en la rutina, cómodos, de pronto todo se arruina. El desconsuelo… nos damos cuenta de que lo que antes nos hacía sentir seguros ahora nos asfixia, nos falta “cirugía mayor sin anestesia” como les dijo Menem a los Argentinos en los ochentas.

Pero esa ruina, bien vista, es una bendición disfrazada porque nos da permiso o motivo para corregir, sólo se puede cambiar aquello que no está “perfecto”.

¿Quién sobrevive al cambio? Está científicamente comprobado que en la evolución no sobreviven necesariamente los grandes ni los fuertes, permanecen los que se adaptan a su entorno.

Quien ha superado una enfermedad o una crisis y ha cambiado su forma de vida sabe de lo que hablo, se ha dado cuenta de que no todo lo que dejó era tan bueno y que lo mejor fue lo que encontró, había más pero no lo había descubierto, estaba ahí pero dormido.

Siempre que de niño iba a la tienda a hacer encargos me gustaba que me dijeran “quédate con el cambio” por eso escogí este nombre para esta pequeña reflexión, son palabras que asocio con algo agradable pero que en otra connotación encierran una gran verdad. Una verdad montaña.

Debo quedarme con el cambio y debo decirle a los demás que se queden con el cambio.

Cuando te atrincheras contra el cambio o cuando haces que otros se atrincheren contra el cambio logras el efecto contrario al que buscas. Debo exponerme a los riesgos y a lo desconocido para avanzar, debo forzar a la máquina de la voluntad para subir la cuesta.

Avanzar implica dejar el terreno que conozco para ir hacia adelante, para descubrir, para empezar nuevamente. “No hay otro gozo sino empezar” dijo Goethe.

La ventaja del caminante, del peregrino, es que cada paso lo hace más fuerte. El buen peregrino también sabe cuando tomarse una pausa. Así cuando descansa se lo mereces, lo hace realmente satisfecho y repone fuerzas para seguir adelante.

Todo buen peregrino debe ir llenando su mochila de viaje con herramientas que le ayuden y no con cosas que símplemente ocupen espacio, que le pesen, como no hay espacio para todo debe ir tirando lo que no sirve para que quepa lo nuevo, aunque algunas veces se ha encariñado con sus viejas herramientas y no tiene otra opción que irlas sustituyendo por lo útil.

Como Contadores hemos llenado la mochila de muchas cosas pero hoy nos damos cuenta de que algunas ya no nos van a ayudar en el camino, han dejado de servir porque el terreno ha cambiado.

Revisando la mochila tenemos que sacar las leyes que dominamos, los procedimientos súper utilizados, las Normas que entendimos, el martillo de “así lo he hecho siempre”, los lápices… bueno esos no los vamos encontrar porque los tiramos hace varios años, igual que debemos tirar los principios… de Contabilidad, no nos confundamos, los otros si debemos llevarlos en la cantimplora.

Tirar las herramientas que ya no sirven no es un desperdicio, aunque estén casi nuevas, haberlas usado nos ha servido para volvernos hábiles, las nuevas herramientas las tomaremos con manos expertas.

Siempre hemos sido implementadores del cambio, porque todo lo que se mueve en las organizaciones, en las empresas, en la economía o en la tecnología nos afecta, lo que hoy nos confronta es lo que nos define como profesionales, “lo que nos choca nos checa”. Las enfermedades que curamos tienen virus que cambian por el capricho humano.

El desarrollo del pensamiento lógico matemático, la capacidad de analizar e implementar normas, el conocimiento de los procesos económicos de los negocios, el manejo de los plazos, la capacidad de organizar, el dominio de las técnicas para cuantificar y registrar, y muchas otras capacidades son músculos que hemos desarrollado, son la habilidad con la que ahora vamos tomando las nuevas herramientas.

Otra necesidad que tenemos como caminantes es la de tomar perspectiva de lo que nos sale al paso en el camino porque si caminamos distraídos atormentados por las nuevas reglas, perderemos de vista el panorama y no nos daremos cuenta a tiempo de las rutas correctas en el nuevo territorio que debemos recorrer.

No perdamos de vista el objetivo y no desconfiemos de lo aprendido. ¿Hacia dónde vamos?, como dijo Grum: siempre a casa.

En el fondo de un pequeño templo se encontraba un cuadro con una frase simple para iniciar la meditación: “Piensa y da gracias”… “Piensa y da gracias”.

Con el ánimo del peregrino, que no ha recorrido el nuevo territorio pero que está determinado a usar sus habilidades para explorarlo y que no está sólo, es un momento para dar gracias, un día de acción de gracias.

Primero quiero dar las gracias por la oportunidad de estar aquí reunidos, gracias por todas las horas que han dedicado al Colegio, gracias por las sonrisas y los desacuerdos, gracias por su entusiasmo y su cariño, gracias por enseñarme, gracias por que en esta nueva época profesional que se nos presenta podremos avanzar juntos.

Y como dice el poema:

Pide un sueño grande
un sueño que te rete,
un sueño que te de un poco de miedo,
pide un sueño que robe
todas las energías de tu cuerpo;
pide que se te acerque el que se burla
porque te aferrará más a tu anhelo,
pide que te rodeen los que te quieren,
ellos te ayudarán a defenderlo.

Y si ese sueño grande, ese buen sueño,
no llega pronto, no llega a tiempo,
recuerda la oración que un día mamá
te enseño para no morir de miedo .

Seca tu lágrima, reanuda el vuelo,
pon todo el corazón, todo completo,
que un sueño no se logra por triunfar
se logra por seguir jugando el juego.

Que todo lo que existe, antes,
fue un sueño .

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Lo mío es contar, por eso cuento lo que se cuenta.
Lo que sé: cuenta.
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