Cultura Silvino Vergara

El muro

Dr. Silvino Vergara Nava

 

“La era que comenzó con la construcción

de la Muralla China y la de Adriano, y que terminó

con el Muro de Berlín, está definitivamente cerrada”.

 

Zygmunt Bauman

 

Uno de los sociólogos más importantes de nuestros tiempos fue el profesor alemán Ulrich Beck, autor de la denominación “sociedad del riesgo”, atribuida a la sociedad de nuestros tiempos, que es la que vivimos a partir del fin de la segunda guerra mundial. A decir del autor, así se puede denominar atendiendo a que con las bombas nucleares se puede acabar con la propia especie humana. Él mismo, después de la caída del muro de Berlín, sostuvo que en el mundo occidental se presentó con optimismo esa noticia: “Con la demolición pacífica del muro de Berlín y el colapso del imperio soviético, fueron muchos los que creyeron que habían llegado al final de la política y nacía una época situada más allá del socialismo y el capitalismo, de la utopía y la emancipación” (Beck, Ulrich. ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, repuestas a la globalización. Barcelona: Paidós, 1998).

Lo cierto es que con la caída del muro no fue así. Ella no provocó el inicio de los tiempos de bonanza en el mundo; pues, si bien, desapareció el muro de Berlín, siguen existiendo otros muros que no se han destruido; al contrario, se pretende reforzarlos o incrementar sus dimensiones. Tal es el caso en Marruecos o en Israel y, desde luego, en la frontera entre Estados Unidos de América y México.

La construcción de muros a lo largo de la historia de la humanidad ha sido una sensación de seguridad. Evidentemente, hoy ya no lo es, como lo define claramente el sociólogo polaco Z. Bauman: “En este espacio planetario global ya no se puede trazar un límite tras el cual pueda uno sentirse verdadera y absolutamente a salvo” (Bauman, Zygmunt. La sociedad sitiada. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011). Actualmente, con la globalización y los diferentes medios de comunicación, es imposible sostener que un muro brindará seguridad a unos sobre otros. En realidad, la ampliación de un muro fronterizo es una medida simplemente simbólica, espectacular dirigida a un pueblo tan ingenuo como lo es el pueblo norteamericano que ha vivido bajo la amenaza de un miedo que se incrementó a partir de la presidencia de Ronald Reagan y que se caracteriza por ser un miedo por lo externo, particularmente; ya sea por los terroristas, los narcotraficantes —que la historia de ese país asume que solamente hay narcotraficantes latinoamericanos—, los musulmanes y ahora por los migrantes —pese a que, paradójicamente, aquél es un país de migrantes—, pero específicamente por la migración de la pobreza, que es hoy el rechazo más generalizado que existe en nuestras sociedades: el rechazo a la pobreza. Así, con estas medidas sensacionalistas, como la ampliación de un muro fronterizo, se provoca en la sociedad “yanqui” aún más miedo por los pobres. Incluso ese miedo a la pobreza ya cuenta con un término reconocido por la Real Academia de la lengua española, que se denomina: “aporofobia”, que consiste en el rechazo o miedo a la pobreza (Cortina, Adela. Aporofobia, el rechazo al pobre. Barcelona: Paidós, 2017).

El profesor Jonathan Simon ha sostenido que el pueblo norteamericano siempre ha sido gobernado a través del delito, es decir, con el uso inadecuado del derecho penal (Simon, Jonathan. Gobernar a través del delito. Ciudad de México: Gedisa, 2011). De modo que, para que existan los cambios legislativos para incrementar las penas, desde luego que se requiere de “enemigos” a los que se debe criminalizar; por ello, actualmente, ante la ausencia de una contraparte que efectivamente represente una oposición para los norteamericanos, resulta necesario que el gobierno norteamericano proponga enemigos (como es el caso actual de la migración de la pobreza) y, así, poner a la luz pública que está haciendo algo para contenerla, como lo es la ampliación de un muro o, bien, militarizando la frontera, etc.

Cabe precisar que no hay oposición, sin hablar aquí de una oposición económica o militar, sino principalmente de una oposición clara, objetiva y consciente, de una nueva concepción del pensamiento sobre los fines del Estado; un sistema alterno que sea contrario al capitalismo financiero. Por ello, la única opción que se haya, por esa ausencia de pensamiento, es la creación artificial de los riesgos de la migración de la pobreza y las reacciones espectaculares, como lo son la ampliación de los muros, vigilancia tecnológica, militarización de la frontera, etc.

Desde luego que el propio gobierno norteamericano conoce perfectamente bien cómo impedir la migración de la pobreza y tiene las herramientas para ello: ayudar a democratizar a los países exportadores de migrantes; evitar los desplazamientos, respetando las tierras de sus propios naturales; dejar de proteger la explotación masiva y desordenada que hacen las empresas norteamericanas en las tierras de los países de los migrantes; pero es evidente que todo eso va en contra de los intereses propios de los estadounidenses, por ello es que reditúa más provocar el miedo que la tranquilidad para sus gobernados y para el mundo.

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