Dr. Silvino Vergara Nava

 

“La campaña subterránea de los grupos internacionales

se alió con grupos nacionales revolucionarios contra

el régimen de garantía del trabajo…

Quise crear la libertad nacional en la potencialización

de nuestras riquezas …

No quieren que el pueblo sea independiente”

 

Getulio Vargas

 

El 24 de agosto de 1954 se suicidó Getulio Vargas, presidente en varias ocasiones de Brasil y quien dejó, tras su muerte, un escrito dirigido al pueblo brasileño, el cual decía: “No me acusen, insulten; no me combatan, difamen; y no me den el derecho de defensa. Necesitan apagar mi voz e impedir mi acción para que no continúe defendiendo, como siempre defendí, al pueblo y principalmente a los humildes. Sigo lo que el destino me ha impuesto. Después de décadas de dominio y privación de los grupos económicos y financieros internacionales, me hicieron jefe de una revolución que gané. Comencé el trabajo de liberación e instauré el régimen de libertad social. Tuve que renunciar. Volví al gobierno en los brazos del pueblo… Vengo luchando mes a mes, día a día, hora a hora, resistiendo la represión constante, incesante, soportando todo en silencio, olvidando y renunciando a todo dentro de mí mismo, para defender al pueblo que ahora se queda desamparado. Nada más les puedo dar a no ser mi sangre”.

A decir del autor uruguayo Eduardo Galeano, entre otras causas, lo que lo orilló al suicidio fue haber cometido un delito de “lesa economía”, a saber, vender el hierro brasileño a Polonia y a la desaparecida Checoslovaquia. Ello fue suficiente para sostener que incumplió con lo que el sistema capitalista-financiero de la centralidad, esto es, de los países del primer mundo de Europa y, desde luego, Estados Unidos de América, le dicta a los países latinoamericanos; pues bien, surge la pregunta: ¿acaso esto no le está sucediendo igualmente a Lula da Silva?

Hoy el expresidente brasileño está en la cárcel, purgando un crimen que es un ejemplo de la novela El Proceso de Franz Kafka publicada en 1925, y que hace mención de un juicio del cual la persona que es procesada —el gerente de un banco— desconoce el delito; donde la autoridad que lo juzga ni, desde luego, el defensor le pueden ayudar. Pues bien, ese suceso de la novela le está ocurriendo al expresidente brasileño, cuando —a decir de la historia estadística, que es la que le interesa a los países de la centralidad— el crecimiento económico, en los tiempos de la gestión de Lula como presidente de Brasil, en este país era superior al de los países de la centralidad, aun cuando los tiempos de la crisis económica mundial de 2008, (donde fueron afectados, principalmente, los países miembros de la Comunidad Económica Europea) no repercutió en la economía de Brasil. Entonces, el delito cometido por Lula fue también, como el de Getulio Vargas, un delito de “lesa economía”, y que consiste en que los países que no son de la centralidad no pueden crecer, es decir, deben vivir en el subdesarrollo; pues para eso están, para servir a la centralidad. Por ello, el juez de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos Eugenio Zaffaroni menciona que los países de América latina actualmente viven en “la segunda fase del colonialismo” (Zaffaroni, Eugenio Raúl. El derecho latinoamericano en la fase superior del colonialismo. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2015). Éste es un colonialismo económico, que no permite el crecimiento en esta región. Por ello, se propone, en oposición a estos ordenamientos de la centralidad, la creación de un sistema de gobierno de la periferia, como le denomina Boaventura de Sousa Santos (De Sousa Santos, Boaventura. Democracia al borde del caos. Bogotá: Siglo del Hombre, Editores de Justicia, 2014), en donde se provoque, entre otras cosas, en nuestra región: democratizar la democracia, des-mercantilizar el sistema, reconocer la muti-culturalidad y, con ello, el pluralismo jurídico.

Y pareciera que con estos sucesos, para los países de la periferia, como son los que corresponden a América latina, queda más clara la lección que —a decir de Eduardo Galeano— dicta así “De Países donde el dictador o presidente de turno actúa como si fuera embajador de los Estados Unidos, el embajador de los Estados Unidos actúa como virrey y el ministro de Economía como recaudador de tributos, mientras que el comandante en jefe de las fuerzas armadas arranca el cuero cabelludo a los indios vencidos.” (Galeano, Eduardo. Nosotros decimos No. Ciudad de México: Siglo XXI, 2007). Pues bien, esa fue la lección a la que no acudieron Getulio Vargas ni Lula Da Silva para gobernar Brasil.

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