Mi hijo Juan Pablo me dio la motivación perfecta para volver a correr, digo volver porque he hecho varios intentos a lo largo de mi vida, sin embargo en esta ocasión ha sido un entrenamiento buen programado y gradual, con la ayuda de la tecnología, y constante, con el apoyo de Juan Pa.
De los primeros días, en los que con 2 minutos de carrera estaba a punto de que se me saliera el corazón, he pasado a 20 minutos continuos de carrera después de 7 semanas. Ahora lo más difícil de superar son los pensamientos, mis pensamientos.

Antes de empezar el entrenamiento debo vencer la idea de “mejor mañana” con un millón de razones para postergarlo. Durante los 10 primeros minutos corriendo me asalta continuamente la idea de detenerme, no estoy agitado ni cansado pero pienso “mejor camino y otro día intentó seguir”. He aprendido que la respuesta a los pensamientos negativos es seguir, sí, simplemente seguir y no detenerme no concentrarme en ellos sino simplemente en el siguiente paso. Saltada esa barrerá los últimos minutos son de gran alegría y la victoria privada me llena de motivación, con medalla olímpica y ovación del público conocedor (y comprensivo).

Pensándolo bien toda la vida es así, muchas pequeñas carreras que te entrenan para una carrera mayor, todas las “carreras” cotidianas vienen acompañadas por un millón de pensamientos negativos que te invitan, mejor dicho te exigen abandonar. La respuesta, siempre, es seguir adelante (sin dejar de lado que un buen compañero de carrera es crucial).
Ánimo, únicamente el que se desanima pierde.

Gustavo Rosas Goiz
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Lo mío es contar, por eso cuento lo que se cuenta.
Lo que sé: cuenta.
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