Flashback. Esa palabra inglesa que no tiene una traducción exacta pero que se puede entender y sentir sin necesidad de un diccionario. Regresar en el tiempo en cuestión de segundos, transportarse a otra época gracias a un estímulo fulminante a la memoria. Así pasa cuando ves Cobra Kai.

Corría el año de 1984, fue el año de Karate Kid, se puso de moda traer bandas de tela en la frente como el personaje principal, la decoración gritaba Asia, todos compraban bonsais para su casa. The Glory Of Love sonaba en todas las estaciones de radio… y cómo olvidar al Señor Miyagi, “encerar, pulir, encerar, pulir”.

Hoy, treinta y cuatro años después llega Cobra Kai, con la misma filosofía de vida, la rudeza, la resistencia, con recuerdos acumulados, con la reticencia a los nuevos tiempos.

Es 2018, el contraste es absoluto, por una parte tenemos los smartphones que son mal ocupados por algunas personas para perpetuar el acoso y la burla (anónima por cierto) tan típico de éste tiempo, y por el otro tenemos a dos adultos que llevaron vidas muy distintas: Johnny Lawrence y Daniel LaRusso. Antiguos rivales.

En pocos días ésta serie de YouTube se ha colocado entre las favoritas del público norteamericano y asimismo latino, no se sabía mucho al respecto, y varios tenían sus reservas (las continuaciones pocas veces son buenas) pero algo es seguro, llegó para quedarse… y para expandirse. Los nuevos personajes y sus historias atraen a un público joven que se siente identificado con sus problemáticas; y los personajes originales, interpretados también por los actores de la primer película atraen a los fanáticos cuya edad oscila entre los treinta y los cincuenta años. Sin duda esa añoranza por el pasado está siendo aprovechada al máximo.

Y aunque Cobra Kai nos regala muchas postales del viejo filme de Karate Kid, es un universo que va mucho más allá. Johnny y Daniel se enfrentan de manera diferente ésta vez, tal como pasaría con dos adultos comunes y corrientes, ambos con responsabilidades, con fracasos, con frustraciones pero sobretodo con desafíos. Desafíos que no terminan, día a día hay uno nuevo porque… así es la vida.

Cabe destacar la fotografía de la serie, que no abusa de filtros amarillitos para las escenas donde recuerdan su pasado. Con mucho cuidado la producción ha integrado en varios capítulos pequeños momentos que, dependiendo del personaje cobran otro sentido. Así pues, durante los primeros capítulos, se abre el espacio para que Johnny, el antagonista del primer filme, comparta su versión de la historia; bastante interesante ya que encasillado como “el malo”, “el bully”, nunca se tomó en cuenta un pequeño detalle: él sólo era un adolescente, con su propio punto de vista, y sus propios problemas.

Las locaciones para esta serie tuvieron una ventaja, permanecieron iguales todos estos años, puede resultar difícil de creer ya que las ciudades crecen y cambian, los servicios llegan, pero para aquellos que crecieron en lugares muy muy pequeños resultará natural el que la modernidad pase de largo. Obviamente algunos escenarios fueron creados como la residencia LaRusso y la casa del Señor Miyagi ya que la construcción original fue demolida en la tercera entrega de ésta saga.

Varias cosas siguen igual, pero otras no tienen precedente, y fue un lindo detalle el hecho de llenar el Dojo de Cobra Kai con nerds, geeks, y cobardes, (o “maricas”, en palabras de Johnny) para luego transformarlos en adolescentes arrojados, sin miedo a vivir el presente, y sin necesidad de rogar por la aceptación en su escuela. Hasta aquí todo suena como un gran proyecto de cualquier hada madrina, sin embargo lo entretenido de ésta serie es que lo único seguro es que nada es seguro, y mucho menos la trama.

Golpea primero, golpea fuerte, sin piedad.” Cobra Kai no puede destronar a otras series de reminiscencia ochentera tales como Stranger Things de Netflix, la competencia. Sus géneros son diferentes, pero sin duda éste año será una gran influencia para todos los espectadores. Para unos, una grata oportunidad para echar un vistazo al pasado y recordar una bella etapa de su vida, para otros comprender un poco más la manera de pensar y de actuar de 1984, donde aún no existía la palabra bullying y no había otra manera de resolver las situaciones más que de frente.

 

1984 fue el año de Karate Kid. 2018, es el año de Cobra Kai.

Victoria

Victoria

Alegre lectora nocturna.

Licenciatura en Diseño Gráfico por la Universidad Iberoamericana Puebla, actualmente especializándose en literatura.
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