Estoy esperando fuera de un salón, vuelvo a las aulas de la facultad a tomar un taller, espero pues he llegado media hora antes, tenía mucho tiempo que no visitaba este lugar pero todo sigue absolutamente igual, gente mayor combinada con gente joven, pertenencias olvidadas en los salones, luces que se quedan encendidas, el ruido cotidiano de los bancos que son arrastrados con pereza, amenazas sutiles de que queda poco tiempo para terminar algún examen, gente fumando en las áreas verdes, maestros pasando lista.

Con estrépito varias risas se detonan dentro del salón rompiendo mi concentración, creí que los maestros siempre contaban los peores chistes, me asomo un poco, no, la docente no tuvo que hablar ni hacer uso de su agudo ingenio, fue por supuesto, la figura de nuestro tiempo: UN MEME.

¿Será posible? sí, lo es. Un meme en la pantalla de vinilo encima del pizarrón, describiendo una trayectoria de luz azul maravillosa emanando desde el proyector, casi como la prodigiosa escena de Star Wars en donde el holograma de la princesa Leia pide auxilio saliendo del ojo de R2-D2.

Más risas. He ahí a la siguiente generación.

Y no me refiero a la siguiente generación de profesionistas, de alumnos egresados de una notable institución. Me refiero a la siguiente generación de eruditos, de entrañables maestros que dedicarán sus vidas a la enseñanza, a la construcción de un mundo diferente por medio de… MEMES.

Es la clase de Responsabilidad Social, me entero por la siguiente diapositiva. Mirando desde fuera, me quedo atónita ante el pésimo material expuesto por la “maestra”, su Power Point denota su falta de interés hasta por vivir. Se termina la clase y jovialmente la maestra se despide de su querido público no sin antes recordarles que esa presentación y las demás, están disponibles para ellos en twitter.

 

Detallazo.

 


Caminando por la calle entre semana a medio día, un niño sale de lo que alguna vez fue una casa y que ahora sólo son ruinas, lleva una mochila pequeña, no tiene un corte de pelo definido, pareciera como si no se hubiera aseado en mucho tiempo, con la mano derecha sostiene una caja con mazapanes y con la otra mano cierra con llave la puerta.

Me produce una cierta extrañeza y pienso “ese niño debería estar ahora en la escuela” pero cuál escuela, él tiene que vender sus mazapanes, por alguna razón tiene que trabajar, ¿trabajará para ayudar a algún familiar incapacitado o alguien lo estará obligando? demasiadas preguntas cruzan mi mente. Sigo mi camino.

La renta de algunas oficinas equivale al costo de algunas materias en la universidad, al igual que un traje de buena calidad en Scappino. Equivaldría también a un curso rápido en línea, o varios libros, de los gordos. O todo un año de comer molotes de papa si se quiere, y hasta sobra. Pero en vez de todas esas opciones, el pago se efectúa para que la maestra ponga… MEMES.

Algo me hace creer que el niño de los mazapanes nunca irá a la universidad. Algo me hace creer que tuvo que despertar duramente a la vida. Contrasta la postal de éste infante con la de la maestra treintona riéndose como hiena de sus propios memes, pidiendo follow en twitter, colocando el icono de instagram por cotorreo en aquella diapositiva infame de Power Point. ¿Cómo llegó alguien así a terminar una maestría?

Qué importa, esa es la materia de Responsabilidad Social. Esa es SU materia.

Y esos memes… esos memes sí van a venir en el exámen.

 

 

Victoria

Victoria

Alegre lectora nocturna.

Licenciatura en Diseño Gráfico por la Universidad Iberoamericana Puebla, actualmente especializándose en literatura.
Victoria

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