La responsabilidad mal entendida consume y mata. La trampa a la que conduce el modelo de la educación tradicional basada en el esfuerzo individual es contraproducente. Cada vez que veo a un muchacho que aprende que debe exigirse a hacer las cosas a pesar de sí mismo, para cumplir la expectativa de los demás, puedo asegurar que su herida será muy profunda, lo se por experiencia.

Este es precisamente el tema que hoy te planteo: corregir el aprendizaje sobre la responsabilidad, mal entendida como el cumplimiento de las expectativas que otro tiene sobre uno mismo. La responsabilidad no es la búsqueda de una evaluación sobresaliente según el criterio de los demás, esto nos lleva a la pérdida de sentido.

Responsabilidad es la habilidad para responder correctamente a lo que se nos presenta, “responsa-habilidad”, de ninguna manera esto es lo mismo que reaccionar. Nadie puede responder por sí mismo cuando está buscando responder según la expectativa de otro, cuando no ve claramente a donde dirige su esfuerzo, es como dar mil veces en el blanco sin obtener un solo punto. El desafío requiere de una respuesta, pero únicamente puede responder correctamente quien ha desarrollado la habilidad para decifrar ese desafío en particular. El problema de lo que hemos aprendido es que creemos que hemos cumplido únicamente cuando todos aprueban nuestro esfuerzo, las victorias privadas se nos hacen poca cosa, tratar de agradar a todos es un generador de estrés enorme.

No se mucho acerca de las soluciones pero entiendo mucho sobre lo que se siente cargando a cuestas esta conducta equivocada, quiero compartir contigo lo que me funciona cuando caigo, muy frecuentemente, en la actitud de la falsa responsabilidad:

1. No te aísles. Es un grave error pensar que la tarea es personal, que no se debe pedir ayuda, no es cierto que lo que uno complicó lo debe corregir solo. El que se enseña a sí mismo tiene por maestro a un necio, comparte con alguien lo que te pasa, coméntalo, deja que te contradigan, pide ayuda. Acepta que no es cierto eso que aprendiste sobre la responsabilidad.

2. Recuerda que mientras las fallas no sean del corazón, no hay falla. Únicamente se equivoca quien agrede a los demás, quien se agrede a sí mismo, quien actúa con dolo. Todo proceso de aprendizaje pasa por la falla, es sano recordar que estamos limitados. No te quedes en el error, avanza.

3. Reconocer que no siempre se puede. Decir no puedo no es lo mismo que no quiero. Pero el “no quiero” también se vale.

Ánimo, estoy convencido de que puedo corregir lo que he aprendido mal.

Gustavo Rosas Goiz
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