Gustavo Rosas

Mijo tiene un dinosaurio

Conocí a Alfredo Salomón mientras cursábamos primero de secundaria, de eso ya hace algo así como 36 años.  Nos hicimos amigos cuando formamos un equipo para participar en un concurso de fonomímica y él ofreció que nuestro primer ensayo fuera en su casa; cuando mi papá me llevó al ensayo saludó muy efusivamente al papá de Alfredo que resultó ser su amigo de la universidad y colega médico, además el Dr. Salomón es cardiólogo de mis papás desde hace ya mucho tiempo.

Unos años más tarde Alfredo y yo nos reencontramos nuevamente porque los papás de Alfredo son padrinos de mi esposa y son mejores amigos de mis suegros, así es que las relaciones entre Alfredo y yo son muchas y muy afectuosas a pesar de que no nos saludamos personalmente desde hace ya muchos años.

Hace unas semanas Alfredo me escribió para pedirme mi dirección porque iba a enviarme unos ejemplares de su libro “Mijo tiene un dinosaurio”, ya no me acordaba que hace algún tiempo aproveché la preventa, sin embargo Alfredo no se olvidó.

Recibí el paquete la semana pasada, lo abrí y leí el libro justo el sábado por la mañana mientras tomaba un café antes de ir a la oficina.  Lo primero que me sorprendió es la gran calidad con la que está editado, es un cuento ilustrado por Eric Olivares que narra lo que se anuncia como “una de tantas historias de interferencia parental”, los dibujos que acompañan al texto son muy elocuentes y de gran belleza, el cuento escrito por Alfredo transmite un mensaje sobre un tema complejo y doloroso, como son las consecuencias que sufren los hijos por la separación violenta de sus padres, y lo hace de modo tan sencillo, tan claro y tan sincero que inevitablemente toca el corazón y rompe las barreras que pudieran levantarse para no escucharlo.

Alfredo ha logrado plasmar su fuerte experiencia personal de manera tan contundente que este libro está llamado a ser un texto de cabecera para familias que viven una situación en la que se ha perdido la noción del daño que  pueden sufrir todos los involucrados por la violencia de un diálogo que ha sido roto.

Sin duda el libro “Mijo tiene un dinosaurio” es un tesoro que vale la pena recomendar, compartir y leer por cualquier padre, hijo, tío, abuelo, amigo o abogado de lo familiar,  tanto en las escuelas y en los juzgados como en los consultorios y los grupos de ayuda.

Desde aquí mi sincera felicitación y abrazo a Alfredo Salomón, gran amigo, buen hijo, incansable luchador social y padre ejemplar.

Gustavo Rosas Goiz
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