Gustavo Rosas

Juntos, contentos y estudiando

Hace muchos años, y no es cuento, habiendo quedado huérfanos por la muerte de su madre mi mamá y mis tíos, su padre, mi abuelo, el Dr. Isaac Goiz Juárez les pidió emocionado, afligido y consternado mantenerse “juntos, contentos y estudiando”, yo creo que en ese momento no pudo imaginar que esa misión a la que los enviaba iría guiando también a las siguientes generaciones.

En la Comunidad del Conocimiento, un proyecto arrancado por mi hermano Chendo, que siempre ha sido el de las iniciativas, adoptamos las palabras de mi abuelo como nuestro lema y como nuestra propia misión: mantenernos juntos a pesar de las diferencias, a pesar de los disgustos, sin importar los desacuerdos, dando privilegio a la fuerza que proviene de la unidad, sin envidias, haciendo vida el “indivisa manent” del señor de La Salle que no es otra cosa que el dictado evangélico de ir “de dos en dos”, es decir, no caminar solos, sumar, sumarse y no dividir, invitar y compartir. Decidimos mantenernos contentos porque el entusiasmo es la muestra de la convicción, es la fuerza para persistir, es el acuerdo después de la tensión, es la búsqueda del crecimiento emocional sobre las crisis y los sinsabores, es el ingrediente de la Buena Nueva, es permitir que Dios se exprese con su Espíritu desde nuestro interior.

Juntos, contentos y estudiando, porque sin duda se trata de aprender para superarse, la primera pobreza que debemos vencer es la ignorancia, una persona que no aprende se resigna, los resignados, como dijera Adele Schele, se conforman con cumplir el ciclo de nacer, crecer, reproducirse y morir. Estudiando, así, conjugado en gerundio que indica marcha continua en la acción, como un hábito, con la humildad del aprendiz, con la actitud del que busca saber y que no se conforma con las verdades a medias y que no quiere ser discípulo del error, con la esperanza de una vida mejor.

Ayer concluí un curso, en el Instituto Persistencia y Determinación, que compartí durante varios meses con amigos y colegas que también creen en el estudio como medio de superación honesta, gracias a todos ellos y mi sincero reconocimiento a Edith Bravo Tejeda, a José Antonio López Pérez, a Jesús García González, a Silvia Adriana Aguilar Delgado, a Ricardo Camacho Acevo, a Ricardo Francisco Téllez Sánchez, a Aida Rendón Moredia, a Alberto Chevalier ruanova, a Miguel Angel Corona Mendoza, a Santiago Barcena Moreno, a Mara Bañuelos Lampayas, a Eduardo Balderas Pérez, a Angeles Rodríguez Alemán, a Magda Tobón Sosa, a Araceli Morales Ocotero, a Hilda Soto Suárez, a Elizabeth López Vázquez, a Socorro González Pérez, a Juan Manuel Tellez Guevara, a Mónica Hernández y a mis hermanos Ruth y Chendo.

Ánimo, si seguimos juntos, contentos y estudiando podremos persistir hasta llegar. Un abrazo.

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Lo mío es contar, por eso cuento lo que se cuenta.
Lo que sé: cuenta.
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