Cultura

LEYENDA DEL PATIO DE LOS AZULEJOS

Este lugar pertenece al conjunto conventual de San Felipe Neri y la Iglesia de la Concordia, fue la casa de ejercicios,se ubica en la calle 11 Poniente número 108, entre las calles 16 de Septiembre, y calle 3 Sur, en el centro histórico.
Dicen que hace muchos años, en una de las habitaciones de dicho inmueble (se rentaban en ese tiempo), vivía un joven abogado. Todas las noches cuando llegaba a su casa se cruzaba con un anciano bonachón al que saludaba amablemente, con el paso del tiempo se hicieron amigos y el anciano lo esperaba todos los días sentado en la escalera para charlar, en esas pláticas él abogado se enteró que en realidad el anciano era un sacerdote.
Alguna vez, el abogado le pregunto porque a su avanzada edad, se ponía a caminar y rezar en lugar de descansar, el sacerdote contestó que aún tenía cuentas pendientes que saldar “Con el Señor”.
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Una mañana llegaron a visitarlo unas monjas del convento de Sta Ines (que está a unas cuantas calles), para solicitar la aportación pecuinaria que les daba mes a mes como una dádiva, en la plática el abogado les comentó que si conocían al cura que vivía ahí, en ese edificio, que dependía directamente de la iglesia de la Concordia, las monjas petrificadas le contestaron que en esa casa no vivía ningún sacerdote y el abogado les dijo que todos los días inclusive sábados y domingos platicaban un rato, las monjas le platicaron que desde hacía muchas décadas, sabían de la aparición del sacerdote que tenía como penitencia rezar toda la noche, por tiempo indefinido hasta alcanzar el perdón.
El abogado sintió que su cuerpo se paralizaba sin tener nada que contestar, ese mismo día se fue del edificio y no se supo más de él.
Veladores y guardianes de ese lugar, juran que el sacerdote se sigue apareciendo todas las noches caminando, arrastrando sus humildes sandalias, con un misal en la mano y un rosario en la otra, y se escuchan sus rezos a larga distancia.
Fotografía
Raúl Gil Mejía
Narración
F. Mario Salazar Aranda.

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