Rosendo Rosas

La prueba de los hechos, resumen del libro

Resumen del libro “La prueba de los hechos” escrito por Michele Taruffo, publicado por la Ed. Trotta, en Madrid en 2005.

Presentación.

Un tema tan complejo como el de la prueba.

Consiguientemente, como entre el fundamento y la decisión existe una relación lógica, una decisión fundada exige que la conclusión se deduzca lógicamente de las premisas. “modelo Silogístico”

El modelo deductivo de la justificación judicial funciona, según Taruffo, si se establecen correctamente las premisas fácticas y normativas y las relaciones lógicas entre ellas y la conclusión.

Está claro que la determinación de los hechos depende del derecho en gran medida, pues el derecho establece cuáles son los hechos relevantes y los medios admisibles para probarlos.

La identificación del hecho aprobar.

Capítulo I.

PRUEBA Y VERDAD EN EL PROCESO CIVIL.

En el fondo de las concepciones que, en los distintos ordenamientos, se refieren a la prueba judicial está la idea de que en el proceso se pretende establecer si determinados hechos han ocurrido o no y que las pruebas sirven precisamente para resolver este problema.

Hacen del tema de la prueba uno de los aspectos más complicados y confusos de la teoría del proceso.

Un primer problema proviene del hecho de que el tema de la prueba se presta, en menor medida que otros, a agotarse en la dimensión jurídica y tiende, en cambio, a proyectarse fuera de ella y a penetrar en otros campos: de la lógica, de la epistemología y de la psicología.

La afirmación del principio de la libre valoraci´´n de las pruebas implica, como es bien sabido, una serie de cambios radicales en los sistemas de derecho común.

Se pone en crisis el principal núcleo del sistema de la prueba legal, es decir, la regulación jurídica de la eficacia de la prueba.

Es atribuida al juez en lugar de al legislador: Resulta así evidente que el fenómeno de la prueba no puede (o no puede ya) disolverse en las normas que lo regulan. Más en general, resulta imposible definir y analizar de forma completa la prueba si nos situamos excusivamente en la dimensión jurídica del problema.

Hay que recurrir necesariamente, también, a métodos provenientes de otros campos del pensamiento, no pueden ser sensatamente capturados por un conjunto de reglas jurídicas ni comprometidos mediante el recurso exclusivo a las nociones y a las técnicas de la interpretacón jurídica.

Como se ha mensionado al inicio, es habitual pensar que las pruebas sirven para establecer si los hechos relevantes para la decisión se han producido realmente y, en su caso, cuáles de ellos; es decir, para funcar y controlar la verdad de las afirmaciónes que tienen a esos hechos por objeto.

Sin embargo, una vez establecida la vinculación funcional entre prueba y verdad d elos hechos de la causa.

Habría, por un lado, una verdad “formal” que sería establecida en el priceso por medio delas pruebas y de los procedimientos probatorios; y, por otro lado, habría un verdad “material” o “hist´´rioca, “empírica” o simplemente “verdad” referida al mundo de los fenómienos realies y que se obtendría mediante instrumentos cognoscitivos distintos de las pruebas judiciales. Verdad “relativa” que es típica del priceso, y una verdad “aboluta” que existriía en algún lugar fuera del proceso.

La diferencia entre la verdad formal y verdad material.

VERDAD FORMAL.- Pruebas y procedimientos probatorios.

VERDAD MATERIAL.- Fenómenos reales.

VERDAD RELATIVA.- Típica del proceso.

VERDAD ABSOLUTA.- Existirá en algún lugar.

La tendencia a reducir la regulación jurídica de la prueba y en especial a eliminarla respecto a la valoración que termina directamente con la determinación de los hechos.

El jurista ya no consigue establecer qué es la verdad de los hechos en el proceso, y para que sirven las pruebas, sin afrontar elecciones filosóficas y epistemológicas de orden más general. La expresión “verdad material”, y las otras expresiones sinónimas, resultan etiquetas sin significado si no se vinculan a problema general de la verdad.

El segundo tipo se refiere al lugar que se atribuye a la verdad de los hechos en la teoría del proceso.

El proceso en cuanto tal no tiene nada que ver con la búsqueda y la determinación d la verdad de los hechos, las dificultades de la relación entre verdad procesal la verdad tout court (corta). Así se dice, por ejemplo, que la única verdad que importa es la que es establecida por el juez en la sentencia ya que fuera de ella no hay niguna otra verdad que interese al Estado.

Se produce aquí un fenómineo interesante, que Twining ha identificado en la docgtrina del common law, pero que se manifiesta también en otros lugares. Se trata de una evidente contradiccion que surge entre la teoría de la prueba y la teoría del proceso en general: en el ámito d ela primera se dice habitualmente, en efecto, que la función de la prueba consiste en establecer la verdad d elos hechos; en el ámbito de la segunda se dice a menudo, en cmabio, que la función del priceso no consist en absoluto en determinar la verdad de los hechos.

En realidad, no es sólo la definición de la prueba lo que permanece dudoso: también la forma de lo que permanece dudoso: también la forma d entender la estructura de la decisión judicial queda ampliamente indeterminada si no se especifica cuál es la relación entre la decisión y los hechos, es decir, si se puede o no, si se debe o no tender a reconstruir los hechos con el máximo de veracidad posible.

2.- La negacion de la verdad en el proceso civil.

¿Será posible alcanzar una determinación verdadera de los hechos?

Esa negación aparece como un punto común a distitntas teorías más bien que como el punto de llegada de una teoría específica dela prueba o del proceso.

La ideologia que se opone a la idea de la busqueda de la verdad es aquella que concible el proceso civil esencialmente como un instrumento para resolver conflictos, en particular los que asumen la forma de controversia jurídica entre las partes.

La búsqueda de la verdad no puede ser el objetivo de un proceso que pretende solucionar conflictos. Se trataría, en efecto, de finalidades distintias e incompatibles: resolver conflictos significa encontrar la composición de intereses más satisfactoria para las partes y, eventualmente, también para el contexto social en el que ha surgido el conflicto, garantizando valores como la autonomía de las partes y la paz social.

El primero de ellos consiste en subrayas la distinción entre finalidades del proceso civil. Esto es, se afirma que si la finalidad esencial del proceso es la de resolver conflictos, lo que debe perseguirse es una decisión que satisfaga a las partes, evitando precisamente que el conflicto prosiga y configurando una aceptable composición de intereses. En consecuencia, será funcional un porceso que persiga eficazmente esa finalidad, si es posible, de forma simple y en poco tiempo.

El segundo modo de nega que la búsqueda de la verdad pueda encontrar espacio en el proceso como resolución de conflictos consiste en acentuar al máximo la evidencia de que en él valor fundamental es el de la libertad, la autonomía y la iniciativa individual de las partes.

Es verdadera la versi+on de los hechos que es asumida por el juez como base para la decisión.

Surge, pues, una línea de pensamiento que puede ser sintetizada del siguiente modo: existe un modelo procesal “bueno”, que es el dispositivo, en el que la búsqueda de la verdad presenta un no-valor o un disvalor; existe además un modelo procesal “malo”, que es inquisitivo, en elq ue la búsqueda de la verdad es considerada un valor: ese modelo “malo” es precisamente el que configura la búsqueda de la verdad como finalidad del proceso. En consecuencia, la búsqueda de la verdad es considerada en términos negativos, más o menos acentuados -como es obvio- en función del rigor con el que se siga el esquema en cuestión.

3.- La irrelevancia de la verdad en el proceso civil.

Existen dos variantes principales de esta orientación, que es oportuno analizar de forma separada, aunque tienen interrelaciones. La primera variante, todo lo que sucede en el proceso no es más que un juego retórico-persuasivo.

La verdad es un valor o una peculiaridad por los que la técnica de la persuasión no está interesada. Esto es válido también para el proceso, donde la finalidad que persigue el abogado es la de persuadir al juez para que le dé la razón, no la de demostrar “objetivamente” la verdad de los hechos.

Esto implica que el proceso es considerado como un lugar en el que se producen diálogos y se proponen y elaboran narraciones y es, por tanto, estudiado desde el punto de vista de las estructuras linguisticas y semióticas de esos discursos.

Sin embargo, sigue circulando en el ámbito de los análisis semióticos de los problemas jurídicos y sirve para excluir la hipótesis de que el lenguaje usado por los juristas (y, en particular, por los jueces) tenga que ver de algún modo con la realidad empírica de los hechos.

La verdad exclusivamente en términos de coherencia de la narración.

En realidad, en la versión semiótico-narrativista de la posición que sostiene que la verdad de los hechos no es relevante en el proceso.

En efecto, se puede alcanzar un acuerdo sobre la cuestión obvia de que en el proceso se llevan a cabo discursos y que en esos discursos los “hechos” aparecen principalmente en forma de “narraciones para los hechos”.

4.- La verdad posible en el proceso civil.

Si se observa la literatura jurídica sobre las pruebas en los diversos ordenamientos, es habitual encontrar la afirmación de que el proceso está dirigido hacia la determinación de la verdad de los hechos o, al menos, de su verdad probable.

Rosendo Rosas Goiz
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Rosendo Rosas Goiz
13 veces IRONMAN 70.3, maratonista, amante de los perros. Fundador de la Comunidad del Conocimiento A.C. Maestro y especialista en Derecho Fiscal, Contador Público Certificado y Abogado.

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